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05 Oct Caso real: “Este alumno es tonto”

Es posible que a lo largo de tu vida como estudiante alguien te haya puesto alguna fantástica etiqueta.

Hay incluso algunas que se transmiten de generación en generación como: este niño es burro, esta niña es tonta, no va a llegar a nada, siempre es así, nunca cambiará, no sirve para estudiar, etc.
Y todas y cada una de estas etiquetas pueden tener efectos que perduren a lo largo de toda nuestra vida. Algunas de ellas empiezan cuando estamos en nuestros primeros años de colegio. Te voy a poner un ejemplo con el que me encontré hace unos años.

Por ambas partes de mi familia soy la mayor de mis primos. En mi familia paterna somos 16 primos y en mi familia materna somos 5 y justo en ambas partes soy la mayor por lo que he tenido la suerte de ver muchos de estos procesos de aprendizaje y de “etiquetado” de mis primos.

Además de ser la mayor, el hecho de haber estudiado Magisterio y Psicología, hace que mis tíos se acuerden de mí ante el más mínimo problema de conducta, de estudios, o de cualquier cosa que se te pueda ocurrir.

En esta ocasión, me llamó mi tía con una solicitud urgente:

Tu primo no quiere estudiar. Solo está interesado en jugar al fútbol por lo que en las clases le va fatal. Está a punto de suspender varias asignaturas y por más que le diga, no hace ningún caso. Necesito que hables con él y le convenzas de que estudie.

Son curiosas estas solicitudes porque a veces me da le sensación de que el mundo cree que las cosas funcionan con una varita mágica y que con una conversación está todo solucionado. Pero bueno, por el cariño que nos une intentó siempre hacer lo que esté en mis manos. En este caso, quedé con mi primo ese fin de semana y como aquel que no quiere la cosa saqué el tema de los estudios. Analicé con él las opciones de futuro, lo que quería hacer, sus motivaciones, sus planes y aspiraciones etc. y decidimos que el simple hecho de estudiar podía acercarle a sus objetivos. Incluso si quería dedicarse profesionalmente al fútbol, sería interesante acabar sus estudios.

Esa misma semana tenía un examen de inglés por lo que aprovechamos para repasar y analizar su forma de estudiar. Parecía interesado y sin duda le sobraban habilidades para estudiar esa asignatura y todo el resto. Pasaron unos días, llegó el examen y sacó un sobresaliente. En ese punto, ocurrió algo muy habitual que sucede ante las etiquetas que se han afianzado durante el tiempo: la profesora repartió las notas y le pidió a mi primo que se quedara al final de la clase porque quería hablar con él. Le hizo una pregunta realmente interesante:

– ¿De quién te has copiado el examen?

– Yo no he copiado de nadie. He estudiado – respondió él.

– Claro, claro, si tú crees que me voy a creer eso… Además de ser un copión, eres un mentiroso. Hay que ser tonto para hacer lo que has hecho.

Y con estas conclusiones llamó a su madre para contarle el suceso. Si te das cuenta no le preguntó si había copiado, sino de quién, es decir sin posibilidad a la duda, ni a la réplica ni a nada de nada.

¿Adivinas quién me llamó esa tarde después de recibir un “puro” de su madre? Pues me llamó justo él, mi primo para decirme:

– Tata, ves como no hace falta que estudie. Aunque estudie van a decir que soy tonto y que copio y que no sé nada de nada por lo que yo prefiero jugar a fútbol que en eso sí que soy bueno. Ahora entenderás por qué no quiero estudiar.

Mi primo en ese momento tenía tan solo 12 años, la edad suficiente para saber cómo funcionan las etiquetas. Pero el problema de las etiquetas no acaba con el simple hecho de que un chaval de esa edad pierda sus ganas de esforzarse en sus estudios, sino que va mucho más allá y puede tener consecuencias a lo largo de su vida.

La próxima semana te contaremos las principales consecuencias que implica el hecho de que vayamos etiquetando a nuestros alumnos.

Reme Egea_Formación para docentes

Reme Egea

Maestra de Educación Física, Formadora en Habilidades Directivas y Gestión de Equipos, Psicóloga, Creadora del proyecto Train The Trainers, Conferenciante, consultora y socia de Proformación S.L.

Reme es una de esas atrevidas aventureras, de las que luchan por los sueños, una de esas apasionadas que nunca tira la toalla.

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