28 May Para ellos, un aplauso no…¡mejor la ola!

Durante varias semanas hemos salido cada día a aplaudir a todos esos sanitarios que dan su vida apasionadamente para hacer que no perdamos la nuestra, aunque varias veces al día, te aseguro que yo habría salido a hacer “la ola” a otras personas que nos la han salvado durante mucho tiempo: los docentes.

Cada día que he estado a punto de perder la paciencia me he acordado de todos y cada uno de mis maestros, pero sobretodo de los maestros de mis hijos porque si algo tengo perfectamente claro es que SE GANAN EL SUELDO, mucho más que su sueldo.

Casi todas las personas hemos tenido en nuestra vida algún docente que nos salvó; una persona que en el momento que no sabías dónde acudir o con quien hablar, allí estaba para escucharte; alguien que te hizo confiar en ti mismo; alguien que activó algunas de tus pasiones; o incluso alguien que te dio el impulso que necesitabas para continuar adelante. En este punto no entiendo, por qué son una de las profesiones más criticadas. Cuando muchas veces escucho hablar de manera crítica y despectiva sobre “los funcionarios” (con rintintín), de “sus fantásticas vacaciones” o sus “fantásticos horarios” solo pienso que hemos perdido el norte.

¿Se nos ha olvidado todo lo que han aportado a nuestras vidas? ¿Se nos ha olvidado que sin ellos no podríamos hacer nuestros trabajos “de categoría superior” (eso es lo que nos creemos…)? ¿Se nos ha olvidado que es una de las profesionales más vocacionales que existen? Posiblemente el COVID-19 nos ha aportado algo en positivo y es volver a entender todo lo que esas personas aportan a nuestras vidas.

Aquí te pongo algún ejemplo que demuestra que los profesores y maestros de piel y hueso, los del cara a cara (y no solo los de la pantalla) necesitan continuar existiendo…

– Son los únicos que llegan a los abrazos a los que los padres no hemos llegado algún que otro día.

– Son los únicos que siempre se arrodillan si hace falta para hablarles a su altura.

– Son los únicos a los que no se les escapa una mirada de tristeza, de preocupación o de miedo.

– Son los únicos que pueden olvidarse de un resfriado para estar todo el día inventando un juego tras otro.

– Son los únicos en darle 20 formas de vida a un yogur, a un brick de leche o a un rollo de papel de water.

– Son los únicos que llevan puesta la sonrisa desde que salen de su casa hasta que vuelven a ella.

– Son los únicos que gastan su creatividad y su ingenio para arrancar la mejor de las carcajadas a un niño. 

– Son los únicos que pueden responder durante media hora a un continuo inacabable de por qués.

– Son los únicos que pueden disfrazarse sin pensar si el disfraz les hace más o menos guapos.

– Son los únicos capaces de vivir y contar un cuento con la pasión que realmente necesita un pequeño.

– Son los únicos capaces de cantar una canción hasta quedar totalmente afónicos.

– Son los únicos que reciben un dibujo y saben realmente valorar el esfuerzo que ha hecho el artista que hay detrás del mismo.

– Son los únicos que saben hacer una verdadera corona de cumpleaños.

– Son los únicos que hacen cura cura sana efectivos.

– Son los únicos que cada día son capaces de llegar al trabajo con toneladas de paciencia.

– Son los únicos que hacen que los niños sueñen despiertos.

– Son los únicos en convertir los espacios en barcos de piratas, selvas amazónicas, mares, montañas, mercadillos de barrio o pistas de carreras.

– Son los únicos en conseguir que un grupo de niños bailen en el festival de fin de curso.

– Son los únicos en darle vida a un muñeco que había quedado olvidado entre muchos otros.

– Son los únicos que pueden hacer maravillas con unas tijeras, el pegamento y un trozo de papel de colores.

– Son los únicos capaces de escuchar una historia mirándoles a los ojos y sin perderse nada de la misma.

Por ellos, por esos únicos que nos ayudan a que nuestras vidas y las de nuestros pequeños tengan una riqueza increíble. Gracias, y perdonad por favor, todas esas veces que no somos capaces de reconocer vuestro trabajo, por todas aquellas veces que hablamos de vosotros como si cualquiera pudiera hacer ese trabajo y por todas esas veces que se nos olvida cómo habéis cambiado nuestras vidas. Lo dicho, gracias de corazón.

¡Os echamos de menos!!

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