22 Jun Aprendiendo de una piedra

PIEDRA= del latín petra. Se trata de una sustancia mineral, más o menos dura y compacta.

Esa es una definición de lo que la Real Academia de la Lengua Española decidió que era una piedra, pero una piedra es mucho más que eso. Al menos en el post de hoy la piedra será la protagonista de que puedas aprender algo más que te resulte de utilidad a la hora de sobresalir como educador.

 

LA HISTORIA DE UNA PIEDRA CUALQUIERA

La historia tiene tres protagonistas: a una piedra, a un padre y a un niño, una situación cotidiana de cualquier paseo por la montaña, por la playa o incluso en un parque.

La historia empieza un día en el que estaba escribiendo uno de mis posts sentada en el banco de un parque en Valencia. El niño correteaba con otros niños, reían, jugaban, subían a los columpios, se acercaban a sus padres y se separaban de ellos, cogían palos, arena y todo lo que encontraban por el camino. Hasta que sucedió algo inédito: el niño tropezó con una piedra.

Seguro que te estarás preguntando…”¿y qué tiene eso de inédito: niño ➕ piedra = a caída?”. Sé que eso no es nada inédito, lo verdaderamente extraño es lo que sucedió un segundo después: se acercó su madre tranquilamente (sí, has leído bien, tranquilamente sin correr, ni asustarse, ni gritar). Ella se acercó tranquilamente, con su traje y tacones de ejecutiva (posiblemente el paso por el parque era el punto intermedio entre el trabajo y su casa), recogió al niño, lo abrazó sin decir todavía nada y cuando él empezaba a calmarse le dijo:

– ¿Qué ha pasado?

– La piedra, la piedra, la piedra- era la única explicación que el niño le daba.

Y a partir de ahí empezó un pequeño monólogo digno de ser grabado:

– Si cariño ya lo sé, había una piedra y tropezaste con ella. Sé que te duele la rodilla pero en minutos empezará a dolerte menos. Mira la piedra, ¿se mueve?

– No.

– ¿Camina?

– No.

– ¿Ves cómo está quieta?

– Sí.

– Pues ella estaba ahí, quietecita cuando tú pasaste, pero no la viste y te tropezaste. Mira, para la próxima vez tienes que estar más atento y ver dónde hay piedras. Y cuando veas una piedra puedes decidir varias cosas: levantar más el pie para no tropezar, saltarla, pasar por al lado rodeándola o incluso podrías decidir cambiar la dirección y no caminar por donde está la piedra. ¿Vale?

– Sí.

Posiblemente era un “sí” a medias porque la mitad de palabras de la madre no las había entendido pero si esas explicaciones son las que va escuchando desde su infancia, es posible que empiece a desarrollar formas de responsabilizarse de sus propias decisiones.

A lo mejor lees esto y consideras que no tiene tanta influencia las explicaciones que dé esa madre con el futuro de ese niño, pero te puedo asegurar por mi experiencia profesional que esas primeras explicaciones después marcan la forma de ver el mundo. Te voy a dar otras opciones en una situación de ese tipo que te permitirán tener una visión más amplia de mi teoría.

OTRAS OPCIONES

En la situación que te acabo de describir, la de una simple caída, podrían haber muchas otras opciones y te puedo asegurar que cada una de ellas lleva a distintos aprendizajes:

– OPCIÓN 2

La madre le dice: “pégale a la piedra, que es una tonta, una mala y por eso te ha tirado”. Seguro que has visto esta situación y aunque no haya ningún tipo de mala intención por parte de la madre lo que se aprende es que el mundo es el culpable, el responsable de todo lo que nos ocurre. Crea la falsa ilusión de que hasta las piedras “caminan” para ponernos la zancadilla.

¿Cómo influye después en su vida? Pues generalmente, serán personas que se dedicarán a tirar la culpa al mundo: si suspenden es que el profesor les tiene manía; si tiene problemas con su jefe, es que el jefe no le facilita para nada su trabajo; si un operario a su cargo no funciona bien, la culpa sin duda es del operario que es de los peores que le podrían haber tocado. Y así, un sinfín de ejemplos que podría compartir contigo.

– OPCIÓN 3:

La madre le dice: “Pero estás tonto o qué, siempre vas por los suelos, a ver si miras donde pones los pies…si es que eres un patoso”. En este caso es muy fácil ir aprendiendo que no vales para muchas cosas y que siempre metes la pata, nunca mejor dicho.

¿Cómo influye después en su vida? En este caso a veces podemos desarrollar miedo a intentar, probar e investigar por el simple hecho de no querer fallar. Con estos aprendizajes se puede perder el disfrute que conlleva el simple hecho de investigar, de probar y de fallar aprendiendo.

APRENDIZAJES DE AQUELLA PIEDRA

Si volvemos a nuestra famosa piedra y a la escena que vi en aquel parque nos queda una opción para aprender cosas distintas:

– OPCIÓN 1:

El niño aprende día a día que son sus decisiones, actos, habilidades y formas de interactuar con el mundo las que le llevan a una situación u otra, es decir, que él es el máximo responsable de aquello que va viviendo.

¿Cómo influye después en su vida? En este caso, cuando se va haciendo adulto, se convierte en una persona que asume su responsabilidad, que desarrolla el sentido de la autocrítica, que sabe que si es parte del problema, también es parte de la solución y que sobretodo aprende que en la vida para acertar y sobresalir hay que caer y fallar muchas más veces de las que creemos.

Tú eres quien decide como docente optar por una opción u otra para que tus alumnos aprendan…¿Cuál eliges?

Reme Egea_Formación para docentes

Reme Egea

Maestra de Educación Física, Formadora en Habilidades Directivas y Gestión de Equipos, Psicóloga, Creadora del proyecto Train The Trainers, Conferenciante, consultora y socia de Proformación S.L.

Reme es una de esas atrevidas aventureras, de las que luchan por los sueños, una de esas apasionadas que nunca tira la toalla.

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