Profesor Frank Mc Court

28 Jul ¿Conoces al increíble Frank?

No sé si te ha ocurrido alguna vez esa sensación de que aunque no conoces cara a cara a una persona, tienes la sensación de que la conoces de toda la vida. Es cierto que no conozco a Frank. Sé que no he estado sentada en sus clases, escuchando sus historias pero siento haber estado allí. Siento que ese hombre ha sido capaz de transmitir en sus libros tanto detalle, que para mi ha sido una fuente de inspiración a la hora de resolver problemas que van surgiendo en el día a día de mis clases.

Lo primero que conocí de Frank fue su famoso libro “Las cenizas de Ángela”. ¿Lo has leído? Hace unos años escuché muy buenas referencias y me adentré de lleno en su historia. Aquel hombre tenía algo realmente especial ya que solo con descripciones de lugares, situaciones y conversaciones logró tocarme de tal manera que recuerdo un día la dificultad de leer las últimas páginas de un capítulo: entre tantas lágrimas, no conseguía ver las palabras. No te lo sé explicar, pero aquello me tocó. Era como revivir las duras experiencias que aquel niño había vivido, era como estar en medio de la Irlanda donde él había crecido viendo una a una las escenas que narraba.

Pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que aquel niño que tanto había sufrido en su infancia, había crecido y se había convertido en maestro. Así lo descubrí el día que descubrí el libro de “El profesor” (así es como él lo tituló).

Lo compré, y al llegar a casa me puse rápidamente a leerlo y me sentí en medio de aquella clase, sentada en mi silla y participando de todo aquel alboroto, viendo como ese maestro conseguía sacar toda la creatividad del mundo para resolver los problemas que aparecen en segundos dentro de una clase. Te contaré la historia que más me cautivó, una historia que se ha convertido en un punto de referencia cuando he tenido que resolver situaciones complicadas en un aula. No te la contaré con sus palabras sino con las palabras que componen mi recuerdo:

“Frank acababa de llegar a aquella escuela de un barrio muy complicado, a las afueras de New York. Llegó a su nueva clase y descubrió una clase alborotada, rebelde, con un movimiento incesante y en medio de aquel escenario un bocadillo volando por los aires. El bocadillo cayó ante sus pies. Muchos profesores en su situación habrían pedido a gritos que la gente callara, que se comportaran, que fuesen respetuosos y los gritos de los chicos habrían aumentado, y también los del profesor y así hasta que hubiese sido imposible llegar a ninguna solución.

Un profesor normal y corriente habría hecho esto, pero Frank no era normal y corriente, era uno de estos profesores que consiguen sobresalir día a día en su trabajo. Frank cogió con toda la delicadeza del mundo el bocadillo. Lo llevó a su mesa. Se sentó en el borde la misma y quitó el papel que lo envolvía con una suavidad increíble, como si de un objeto valiosísimo se tratara. Quito el papel descubriendo que era un fantástico bocadillo de mortadela siciliana que había preparado una madre italiana. Pausadamente le dio un bocado, y otro, y otro y en unos minutos había disfrutado de aquel fantástico bocadillo mientras sus alumnos le miraban atónitos y en un perfecto silencio».

Eso es creatividad, eso es resolver los problemas de una forma increíble. Solo llevaba 10 minutos en clase pero sus alumnos ya sabían que ese hombre era distinto, que no era como el resto de profesores. Y a partir de ahí, con un solo bocadillo, los tenía a todos en el bolsillo.

Esa es la parte más increíble de algunos profesores, maestros, formadores y entrenadores, que saben marcar la diferencia. Es sencillo, tan solo se trata de empezar como primer paso investigando cuál sería la respuesta normal ante una determinada acción o reacción de nuestros alumnos. Puedes preguntarte: ¿cómo funcionaría un profesor normal y corriente? ¿Qué haría? ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué diría? ¿Qué pensaría? ¿Qué sentiría?

Y cuando ya has respondido a todas estas preguntas, rompe lo esperado, crea una respuesta inesperada y seguro que te encuentras con más de una sorpresa.

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