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29 Mar ¿Y si un alumno te rompiera el trabajo en tus narices?

¿Y si un alumno te rompiera el trabajo en tus narices?

No sé si te ha sucedido alguna vez lo que te voy a contar, igual esta historia te parece extraña, pero a mi sí que me ha sucedido. Creo que correr riesgos probando nuevas metodologías, nuevos recursos o nuevas formas de actuar, aumenta la proporción de situaciones desafiantes con las que nos podemos encontrar.

En esta ocasión no supimos predecir la reacción de este alumno, algo se nos pasó por alto y cuando vinimos a ser conscientes, ya no podíamos hacer nada.

TE CONTARÉ LA HISTORIA…

Hace un par de años, estábamos mi compañera Mara Claramunt y yo desarrollando una formación para un grupo de ingenieros de una empresa cliente. Era una formación que constaba de distintos módulos en los que desarrollábamos distintas soft skills. Estos ingenieros habían llegado a la empresa con grandes habilidades a nivel técnico pero a nivel de habilidades para la gestión de equipos, presentaban distintas necesidades.

En este caso estábamos desarrollando el módulo de liderazgo. Teníamos en ese momento cerca de 12 ingenieros en el aula y era el tercer día de formación. Para acabar la formación teníamos una actividad para analizar los valores de cada uno de ellos. Era una tarea de gran sensibilidad, muy humana y en la que se producía un ambiente mágico en el que más de una vez habíamos visto asomar alguna lágrima. Y justo en este grupo se produjo ese momento de cercanía, de sensibilidad, de proximidad entre todos aquellos que formaban parte del grupo.

Cerramos la actividad, el módulo de formación y así empezaba la tarde del sábado para todos nosotros. Pero antes de salir del aula, un alumno pasó por delante de la mesa donde estábamos ambas apoyadas despidiéndonos personalmente de cada uno de ellos. Se detuvo, nos miró y rompió en pedazos el trabajo de los valores que acababan de hacer en una hoja A3. Con tranquilidad los tiró en una papelera que había a nuestro lado, y con un “adiós” abandonó la clase.

INTERPRETACIONES Y REACCIONES

En ese momento ambas nos quedamos en silencio y cuando todos los alumnos abandonaron el aula nos miramos las dos con cara de sorprendidas. “¿Ha pasado lo que han visto nuestros ojos? ¿Ha roto el trabajo que ha hecho en la última actividad en nuestra cara?” Y sí así había sido.

Ante una situación de este tipo tenemos distintas formas de reaccionar, unas más útiles y otras menos, pero todas ellas posibles reacciones:

  1. Podríamos haber pensado: “Este chico es una persona con problemas, seguro que no tiene ganas de aprender, está desmotivado o incluso está enfadado con el mundo y lo único que ha hecho ha sido pagarlo con nosotros”.

Pero esa opción no nos habría llevado a ningún lugar interesante.

 

  1. Podríamos haber hecho una crítica delante del resto: “Oye, no entendemos tu reacción, si tienes algún problema nos lo podrías haber dicho durante la clase, pero que sepas que es algo de muy mala educación romper el trabajo que tú mismo has hecho delante de tus compañeros”.

Pero esa opción tampoco nos habría llevado a ningún lugar.

 

  1. Podríamos haberlo dejado pasar: “Mira Mara, vamos a olvidar lo que acabamos de ver porque no tiene ni pies ni cabeza la reacción que ha tenido”.

Pero esa opción tampoco nos habría llevado a ningún lugar.

 

  1. Podríamos haberlo cogido a parte: “Espera fulanito, queremos hablar contigo a solas. Ahora que estamos a parte, nos gustaría que nos comentaras por qué has roto el trabajo antes de irte de la manera en que lo has hecho. No hemos entendido tu reacción y nos gustaría saber qué ha pasado”.

Esta opción podría habernos dado sin duda información (siempre y cuando él la hubiera querido compartir), pero nos quedamos tan pasmadas que no pudimos reaccionar.

NUESTRA REACCIÓN

  1. En nuestro caso optamos por dejarlo en Stand By y hacer autocrítica. Pasados unos minutos ya no teníamos al alumno delante de nosotros sino simplemente nuestras dudas y nuestra cara de sorpresa ante lo ocurrido por lo que necesitamos dejarlo en Stand By y continuar investigando.

Lo que sí que hemos hecho durante todo este tiempo es asumir la responsabilidad de lo que allí había pasado. Nunca hemos pensado que “el tío estaba tonto”, o que era un desmotivado o un enfadado con el mundo ni nada por el estilo. Hemos preferido lanzarnos a nosotras mismas estas preguntas:

– ¿Qué hemos dicho o hecho que le puede haber dolido?

– ¿Qué se nos ha pasado por alto?

– ¿En qué hemos fallado?

– ¿Qué competencias o habilidades nos habrían faltado para llegar a ese alumno, para que se sintiera cómodo y participase como el resto?

Lo que sí que sabemos es que no hay “malos alumnos” sino docentes que somos incompetentes, es decir, que no tenemos todavía la competencia suficiente para llegar a ellos. Esta actitud autocrítica nos permite llegar mucho más allá porque nos coloca en una mejora continua a nivel personal y profesional.

Y respecto a este caso tan solo te diremos que de momento es un CASO SIN RESOLVER. Si algún día lo hacemos, serás el primero con quien compartamos nuestra investigación.

 

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Reme Egea_Formación para docentes

Reme Egea

Maestra de Educación Física, Formadora en Habilidades Directivas y Gestión de Equipos, Psicóloga, Creadora del proyecto Train The Trainers, Conferenciante, consultora y socia de Proformación S.L.

Reme es una de esas atrevidas aventureras, de las que luchan por los sueños, una de esas apasionadas que nunca tira la toalla.

 

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